Las sensaciones. Esos sabores que dejan en nuestra bocas los impulsos que no podemos controlar.
Lo que deseamos y lo que hacemos sin más reflexión que las ganas.
Ahora que por fin hemos crecido y nos acorazamos las grietas de la mirada y escondimos principios que creímos haber tenido. Maquillamos tempestades y embravecemos las calmas. Siempre andamos, ahora que por fin escogemos los zapatos y nos resignamos los pasos ahora que por fin podemos correr pero siempre andamos.
" Hay diez centímetros de silencio entre tus manos y mis manos " Benedetti. Qué curiosa la distancia y qué curioso el silencio. Cómo recorrer, en ocasiones, un sueño. Cómo despojarse de lo conocido, de los kilómetros, de las ausencias, de lo que nunca nos dijimos, de lo que se quedó por decir, lo que debimos repetirnos, los centímetros que no supimos recorrer. Cómo acabar con la sensación de que nos ancla un cuerpo que nos empuja a estar con los pies en el suelo que nos impide volar. Y nos quitamos de encima las fatigas y miedos y nos convertimos en poesía y llenamos los silencios y acercamos las manos y morimos de ruido y seguimos andando y gritamos sin voces y volamos diez centímetros.
Llovía. Llovía como llueve en las ciudades de clima tropical. Llovía humedad pura y calor asfixiante. Se escuchaban truenos a lo lejos y por la ventana solo se vislumbraba una cortina borrosa y gris formada por gotas de lluvia que caían a una velocidad vertiginosa.
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