Tan llenos de imperfecciones
tan ausentes tan vacíos
tan resignados a la nada
tan inmunes al frío.
Y después
de la nada y del calor
de la ausencia y las banderas
después de lo que nos queda
los todos cubiertos de esperas.
Antes de irnos
y como si nunca fuésemos a marcharnos
iluminamos lo que nunca vimos
silenciamos lo que siempre escuchamos.
Y sí, al final,
siempre andamos.
Julia despertó con las sábanas arremolinadas a sus pies, medio caídas, y la sensación de que ese calor húmedo y pegajoso había estado abrazándola toda la noche. La habitación, de colores pastel y blancos, amanecía gris y ruidosa por la lluvia golpeando las grandes ventanas que aún permanecían con esas cortinitas de plástico cerradas y que hacía mucho que nadie abría. El móvil vibraba, dando señal de que un montón de mensajes absurdos querían hacerse oir ante esa chica que aún medio somnolienta y ya completamente desnuda se dirigía hacia la ducha. Su silueta dibujaba unas curvas perfectas y la luz grisácea de la mañana contrastaba con su piel morena.
Comentarios
Publicar un comentario